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Mostrando entradas de octubre, 2026

La belleza de los platos rotos.

Hace unas semanas leí una pregunta que me escoció en lo personal: ¿si uno escribe ficción para plasmar ideas deprimentes, de que sirve escribir ficción?  Más de una vez he comentado con vosotros esa pátina melancólica que suele cubrir gran parte de lo que comparto. Y la pregunta termina siendo inevitable, ¿por qué empeñarse en rascar en la sombra? ¿Qué sentido tiene compartir historias que se niegan a regalar un consuelo fácil o un final feliz? Tal vez ello se explique de forma compleja con que no era una realidad sobre literatura lo que se repetía una y otra vez en mi cabeza, sino sobre algo más profundo y extendido. Es decir, una posible fobia colectiva a las grietas y un constante empeño en vivir bajo un positivismo de plástico que nos exige estar bien, sonreír siempre y maquillar cualquier rasguño del alma. Queremos finales felices porque nos aterra la idea de la fractura.  Sin embargo, siempre hay formas y formas de ver las cosas, y una de ellas se explica por medio del a...